dilluns, 12 de juliol de 2010

GANÓ EL FÚTBOL


David venció a Goliat: Naranjito machacó a la Naranja Mecánica y se bebió su zumo.

Más allá de lo patriota que te sintieras, si te gustaba el fútbol hoy querías que ganara la selección española. Esta noche ha habido justicia poética (¡qué poquitas veces hay justicia en la vida!) y un equipo que creía en el fútbol: toque, circulación de balón, elegancia, inteligencia, creación, magia... ha derrotado a otro que enarbolaba la bandera del antifútbol especulativo: los holandeses se dedicaban a interrumpir con faltas, protestas al árbitro (¡Robben, deja de suplicar lo que no te pitan y replicar a lo que te pitan y dedícate a jugar!), suciedad arrabalera (¡Dios, qué patada de De Jong al estómago de Xabi Alonso, parecía de Valetudo!), y todo encaminado a perder el tiempo esperando la tanda de penalties como agua de mayo... Esas situaciones no se podían permitir, pero el señor colegiado (¿dónde le han dado la licencia arbitral, en la autoescuela de famosos de Cuenca?) las estaba consintiendo. Y todos nos temíamos la sempiterna historia de que "jugamos como nunca y perdimos como siempre". Pero no. Esta vez no ha sido así.

Yo me he sentido emocionada no sólo porque hemos ganado, sino también porque se han hecho bien las cosas (en un país donde estamos bastante acostumbrados a la chapuza, a la incompetencia, a la dejadez...) por una vez se ha creído en la tenacidad y en el trabajo. Ha habido momentos de desesperanza, el gran Paquito González (a quien echo de menos en el Carrusel) ya nos intentaba mentalizar para los penalties, pero Camacho (casta, furia y fe hasta la muerte) repetía: "¡No, el fútbol siempre gana, tenemos que tener premio!". Y ahora resuenan en mis oídos sus palabras gritando el gol ("¡¡¡¡Iniesta de mi vidaaaaaaaaa!!!!"). Se le salía el corazón por la boca...

Y hablando de corazón, recuerdo con el corazón encogido las lágrimas de Iniesta al mencionar a Dani Jarque, las palabras de Sergio Ramos y su camiseta para Antonio Puerta, o el llanto del inconmensurable Iker y su apasionado beso a Sara Carbonero. ¡Qué grandes profesionales ambos, qué saber estar pese a las habladurías machistas y malintencionadas (perdón por esta última redundancia)! ¡Y qué romanticismo y sensibilidad en un momento tan épico! Recuerdo que Valdano, en el libro "Sueños de fútbol", decía que "en el fondo de todo superprofesional habita un alma colegial que juega, sobre todo, para el aplauso, como cuando jugábamos para ganar la mirada tierna de la más linda de la clase". Iker ha tenido en esta competición detrás (literal y metafóricamente hablando) el aliento de Sara, la más linda de la clase, y yo creo que en efecto, como decía Valdano, más allá de las primas indecentes que vayan a cobrar estos Adonis por echar cuatro carreras y meter el esférico entre los tres palos unas cuantas veces, lo que les ha movido es el sentimiento: el amor de sus parejas, la ilusión de hacer felices a sus seres queridos, el recuerdo de los que ya no están, el deseo de vengar tantas afrentas recibidas y curar heridas pasadas (que se lo digan a la nariz de Luis Enrique, ¡Tassoti, no me olvido de ti!), etc.

En fin, no quiero hacer esto muy largo, se supone que es un blog de profesores, de docentes serios, dedicados a la cultura de alto nivel, no a esta anestesia masiva de almas que es el fútbol, así que me voy a ir despidiendo. En cualquier caso, os diré que después de mis últimas alegrías (el ascenso granota, Los Secretos en Alboraia...) sólo me falta que resucite Federico García Lorca, y entonces la felicidad será casi absoluta.